Jefa y directora de estación
Tama fue una gata común y corriente que vivía cerca de la pequeña estación de Kishi, en la prefectura japonesa de Wakayama. Había nacido alrededor de 1999 y pasaba sus días merodeando tranquilamente por los alrededores de la estación, donde los vecinos y el personal ferroviario la alimentaban y cuidaban. Nadie imaginaba que aquella gata, de mirada serena y carácter afable, acabaría convirtiéndose en una figura clave para el futuro de toda la línea ferroviaria.
A comienzos de los años 2000, la estación de Kishi atravesaba una grave crisis económica. La línea Kishigawa estaba a punto de cerrar por la falta de pasajeros, lo que supondría un duro golpe para las comunidades locales. En un intento creativo por revitalizar la estación, en 2007 la compañía ferroviaria decidió nombrar oficialmente a Tama como “jefa de estación” (stationmaster). Se le otorgó un pequeño gorro, un despacho simbólico y, por supuesto, comida de por vida como salario.

Lo que comenzó como una idea simpática se transformó rápidamente en un fenómeno nacional. La imagen de Tama, sentada tranquilamente con su gorra de jefa, se difundió por todo Japón y atrajo a miles de visitantes, amantes de los gatos y curiosos que viajaban expresamente para conocerla. El número de pasajeros aumentó de forma notable, generando millones de yenes en ingresos y salvando la estación —y la línea— del cierre definitivo.
Tama no solo se convirtió en un reclamo turístico, sino en un símbolo de calidez, cercanía y heroína animal. Su presencia transmitía calma y alegría, y para muchos viajeros, verla era motivo suficiente para sonreír. En reconocimiento a su impacto, fue ascendida en varias ocasiones, llegando incluso a ostentar el título honorífico de “Superjefa de estación”.
Tama falleció en 2015, a los 16 años. Su muerte fue lamentada en todo el país, y su funeral fue tratado como un evento oficial, con cientos de personas rindiéndole homenaje. Posteriormente, fue consagrada como una deidad felina en un pequeño santuario sintoísta cercano a la estación. Hoy, la estación de Kishi sigue funcionando, y su legado permanece vivo. Trenes temáticos, recuerdos y la memoria colectiva recuerdan a Tama como mucho más que una gata: fue un símbolo de alegría, esperanza y de cómo un pequeño gesto —o una pequeña pata— puede cambiar la vida de toda una comunidad.

Existen muchas más historias de héroes animales que merecen ser contadas. Perros, gatos y otros animales que, con su lealtad, valentía o simplemente siendo ellos mismos, han cambiado el mundo y nuestras vidas.
En GUAW creemos que los animales son héroes cotidianos, compañeros inseparables y parte esencial del planeta que compartimos. Cuidarlos, respetarlos y darles el lugar que merecen es nuestra forma de agradecer todo lo que nos dan. Porque ellos no solo forman parte de nuestra historia… son nuestros héroes y los queremos en nuestras vidas.💚



